La seducción de lo "smart"
El concepto de ciudad inteligente ha capturado la imaginación de alcaldes, tecnólogos y planificadores urbanos en todo el mundo. Colombia no es la excepción. Ciudades como Medellín han ganado reconocimiento internacional por su innovación urbana; Cali trabaja en su estrategia de ciudad inteligente desde hace varios años; Bogotá gestiona volúmenes masivos de datos para el sistema de movilidad.
Pero bajo el brillo de los dashboards y los sensores IoT, existe una pregunta que pocas veces se hace con suficiente rigor: ¿para quién es inteligente la ciudad?
El riesgo de la ciudad inteligente excluyente
Una ciudad inteligente que optimiza el tráfico de los barrios con mayor conectividad pero ignora los desplazamientos de quienes usan transporte público masivo, no es realmente inteligente: es parcialmente eficiente para algunos y completamente invisible para otros.
Durante mi trabajo en planeación urbana y regional, he observado cómo los proyectos de smart city en Colombia tienden a concentrarse en tres áreas: movilidad, seguridad (videovigilancia) y trámites en línea. Estas son áreas importantes, pero insuficientes si no van acompañadas de estrategias de inclusión digital, participación ciudadana real y reducción de brechas territoriales.
Lo que nos enseña la experiencia internacional
Las ciudades que han logrado implementar modelos de ciudad inteligente con impacto real comparten características que van más allá de la tecnología:
- Gobernanza participativa: los ciudadanos no son solo beneficiarios pasivos, sino actores en la definición de prioridades.
- Datos abiertos y confiables: la información que genera la ciudad es pública, accesible y comprensible para todos.
- Infraestructura equitativa: la conectividad llega a los barrios populares con la misma calidad que a los centros empresariales.
- Sostenibilidad ambiental integrada: lo inteligente incluye gestión energética, agua, residuos y espacio verde.
El caso de Cali y el Valle del Cauca
Cali tiene condiciones interesantes para avanzar en su visión de ciudad inteligente: una base universitaria fuerte, una Secretaría de TIC activa y una agenda de transformación digital que se ha ido consolidando. La experiencia acumulada en arquitectura empresarial distrital, en la que tuve la oportunidad de participar, muestra que hay capacidad institucional para construir una base sólida.
Los retos son también claros: la desigualdad territorial entre comunas, la informalidad en amplios sectores de la economía y la baja penetración de internet de calidad en zonas periféricas son problemas que ninguna aplicación puede resolver sin políticas públicas de fondo.
¿Qué hacer?
Propongo un enfoque de ciudad inteligente centrado en el ciudadano y no en la tecnología:
- Definir indicadores de impacto social (reducción de desempleo, acceso a servicios, calidad del aire) y no solo indicadores de adopción tecnológica.
- Hacer obligatorio el análisis de equidad en todos los proyectos de ciudad inteligente que reciban financiación pública.
- Crear mecanismos permanentes de participación ciudadana digital, no solo consultas puntuales.
- Integrar la agenda de ciudad inteligente con los Planes de Ordenamiento Territorial, asegurando coherencia entre la planificación física y la digital.
La ciudad inteligente más inteligente es la que no deja a nadie atrás.